En 1998, la Asociación Española de Fundaciones Tutelares (AEFT) publicaba “La visión de la incapacidad y la tutela”, en donde se difundía abiertamente el código ético promovido por ésta en referencia al buen ejercicio de la tutela por parte de sus entidades.

Fiel a los principios reflejados en aquel documento, la Fundación Tutelar Aragonesa Luis de Azúa –única entidad de tutela para adultos dentro del movimiento asociativo FEAPS en la comunidad autónoma de Aragón– lleva prestando apoyos tutelares a las personas con discapacidad intelectual desde hace 20 años. Entendiendo y defendiendo que la modificación de la capacidad jurídica de las personas ha de ser concebida como una medida de protección ajustable a las necesidades de cada una de ellas.

De igual modo, la Fundación Tutelar Luis de Azúa se caracteriza por sostener con su actuación otro de los pilares fundamentales promovidos desde la AEFT: la independencia. Independencia y separación de roles entre las entidades que prestan servicios (residenciales, laborales o de naturaleza análoga) a las personas, y las entidades que prestan apoyos tutelares a las mismas; evitando ser “juez y parte” en la vida de éstas.

La separación entre entidades prestadoras de servicio y las entidades tutelares permite ejercer la tutela de manera independiente; velando y protegiendo de manera objetiva los derechos y los intereses de cada una de las personas.

Así, la Fundación Luis de Azúa cree que los apoyos y servicios para las personas con discapacidad serán de calidad cuando cumplan las siguientes premisas:

  • Estén diseñados con el máximo control y participación por parte de las propias personas, sus familiares o tutores.
  • Sean servicios individualizados y relevantes para las necesidades de las personas.
  • Se amolden a las necesidades de las personas en función del momento.
  • Ayuden a las personas a desarrollar su independencia al máximo.
  • Respeten la dignidad y la privacidad de las personas.
  • Tengan un adecuado soporte económico.

De estas condiciones nace el compromiso que tiene Luis de Azúa con las diversas instituciones –públicas o privadas– que ejercen algún tipo de responsabilidad con la tutela de las personas a las que atiende la Fundación. Para ello, la Entidad establece una comunicación fluida que se concreta en un Plan Individualizado de Servicio, como elemento y herramienta social para lograr que todos los agentes implicados se consoliden eficientemente en beneficio único de la persona con discapacidad intelectual.

Además de prestar apoyos tutelares de manera profesional, otro de los rasgos que definen el buen quehacer de la Fundación Luis de Azúa es el de tratar de cubrir la esfera personal de sus pupilos mediante la puesta en práctica del Voluntariado Tutelar. Los voluntarios/as –coordinados por la Fundación Tutelar– comparten su tiempo de ocio con las personas con discapacidad intelectual de manera individual y personalizada. De uno/a a uno/a; de persona a persona.

En la actualidad, la Fundación presta apoyos a 14 personas con discapacidad intelectual (13 tutelas y 1 curatela), tiene 7 pretutelas activas y cuenta con la colaboración de 22 voluntarios/as.

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